Muchos compañeros han tratado de conseguir que la máquina les confiese su condición, pero esto me parece algo mucho más complejo. Siempre que un humano diga algo a un robot, será muy difícil descubrirle. La máquina responderá aquello que ha sido programada para responder, pero siempre en respuesta a lo que el humano primero le ha dicho. Pero, ¿qué ocurre si el robot ha de llevar la voz cantante de la conversación? ¿Qué ocurre si el humano anula su capacidad de creación? La respuesta es simple: la máquina es incapaz de crear una conversación por sí misma, se limita a repetir una y otra vez fórmulas como ("No me digas siempre lo mismo", "Si crees que no me doy cuenta de que no haces más que repetir lo mismo te equivocas", "Te repites más que un yogur de ajo", etc). Resulta curioso que se queje del mismo pecado del que peca: la repetición.
Por tanto, ¿qué saco de esta interesante experiencia? Que lo que nos hace humanos es que cada uno somos únicos e irrepetibles. Por tanto, ¡seamos humanos, mantengámonos creativos!